Cuando uno analiza el mercado automotor local (con la vorágine económica que siempre caracterizó a la Argentina) puede establecer algunas razones por las cuales la realidad local va cambiando año tras año. Limitaciones a las importaciones, falta de manufactura local, impuestos exorbitantes, cambios de gobierno, dificultades para acceder a divisas y devaluaciones constantes pueden ser sólo algunos de los diferentes factores que perjudican a la industria automotriz argentina.

Pero lo que parecía sólo un fenómeno local se reproduce también de madera mundial, o por lo menos así lo comunica el Fondo Monetario Internacional (FMI) a través de un informe donde destaca que la industria automotriz se está desacelerando “mucho más rápido de lo esperado” y que dicho cambio va a traer “amenazas económicas masivas para todos los mercados”.

Según este informe, el sector automotor experimentó una fuerte caída tanto en producción como en ventas durante 2018, mientras que las proyecciones muestran una disminución similar para este año. Durante el 2019, el FMI calificó a la industria automotriz como un factor importante en la producción industrial general y advirtió que una contracción prolongada en esta industria afectaría directamente a la economía global.

¿Y cuáles son los números que arroja este informe? El sector automotor representó el 20% de la desaceleración del PBI mundial en 2018 y aproximadamente el 30% de la desaceleración del comercio mundial internacional según la última encuesta de perspectivas de la economía mundial que el organismo publicó durante octubre. “Estos descensos se producen cuando ciertos mercados alcanzan la máxima saturación del automóvil en las regiones más ricas y las ventas de los mercados en desarrollo luchan por recobrar una holgura que todavía no aparece”, destacan.

Cuando el FMI analiza las razones y motivos por los que la industria se ve amenazada, aparecen dos factores que hasta ahora no eran tenidos en cuenta por el público en general. Por un lado, enfrentan mayores presiones en sus márgenes de ganancias a medida que la regulación y las tensiones comerciales afectan a los negocios principales. Se están implementando leyes de contaminación más estrictas en toda la Unión Europea y China, lo que obliga a las empresas a gastar más en tecnologías de bajas emisiones. También Estados Unidos y China aumentaron los costos de los materiales cruciales de construcción de autos, afectando también a los márgenes de ganancia.

Ya pensando en razones propias de la demanda de autos 0km, la tendencia hacia vehículos autónomos y eléctricos también está resultando costosa por el monto que las terminales deben invertir en investigación y desarrollo, así como también en el armado de líneas de producción completamente nuevas para ensamblar packs de baterías, sensores de seguridad y complejas instalaciones dentro de un auto que se van volviendo un must en el día a día.

A esto también hay que sumar un cambio de tendencia en los consumidores: ya no se toma en cuenta el vehículo como un bien necesario gracias a la evolución del transporte público, al acceso a la información y a la posibilidad de contar con transporte compartido y conectado bajo demanda en cualquier parte del mundo.

¿Y en Argentina? La situación es algo peor que lo que comenta el FMI. La presión impositiva sobre los bienes (tanto de manufactura local como importados), sumado a las nuevas tendencias de transporte, la devaluación del salario y la escalada inflacionaria de los últimos dos años que dejó a los autos 0km ya tocando el millón de pesos, exponenció el eventual desinterés de las nuevas generaciones por el “auto propio”, postergando esa compra y reemplazandola por alquileres por horas o días o probando nuevos medios como las bicicletas gratuitas o los monopatines. Al día de hoy, las ventas caen un 45% en relación a las del 2018 (ver patentamientos).

Es por eso que hay que dejar algo muy en claro. Gobierne quien gobierne en los próximos años, la industria automotriz local y el mercado nacional seguramente sufrirán el embate de esta crisis mundial que parece recién haber comenzado. Tanto las terminales como las autoridades gubernamentales deberán reformular el esquema automotor nacional para intentar contrarrestar los efectos adversos, porque hasta acá, todo indica que no habrá lugar para todos.

Business Insider vía International Monetary Fund World Economic Outlook Reports