Mientras los patentamientos generales se ubican casi un 50% por debajo de la performance del 2018, sólo un segmento de los autos que se venden en Argentina marcó un exponencial crecimiento en los últimos tiempos: el de los SUV B.

Este espacio inaugurado en la región por la Ford EcoSport hace más de 15 años va sumando adeptos mes a mes, logrando ya posicionar a cinco de este tipo de vehículos dentro del TOP 20 más vendido en el último mes (ver nota). Bueno, cinco dentro de 20 no parece un logro muy grande al analizarlo por arriba, pero si hilamos más fino en las estadísticas encontraremos que hasta hace dos meses sólo aparecían tres en esta franja y que ese crecimiento se da en detrimento (y casi extinción) de otro tipo de autos: los hatchbacks y sedanes de segmento C.

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El Volkswagen Golf es un gran referente del segmento C. Pero ¿por qué Volkswagen Argentina recortó versiones y le dio más espacio al T-Cross de un segmento inferior? Te contamos en esta nota.

¿Qué es lo que motiva al público a elegir los SUV por encima de autos que mecánicamente suelen ser superiores? ¿Por qué el segmento va creciendo cada vez más?

En este informe, nos ponemos en el lugar del cliente y analizamos cómo el fenómeno SUV toma cada vez más preponderancia en el mercado nacional. ¿Es una compra razonable?

1. LA ESTÉTICA SUV

El principal motor de esta moda SUV es la estética. Líneas más musculosas, un estilo más compacto y la sensación visual de un “auto más robusto” transmite al potencial comprador mayor sensación de seguridad y durabilidad. Esta sensación nada tiene que ver con la seguridad ni durabilidad de los vehículos: una Renault Duster parece el SUV más robusto del mercado pero en las pruebas de Latin NCAP hoy no lograría una performance correcta en protección hacia adultos (ver nota).

Un Toyota Etios, que estéticamente no es nada agraciado y encima transmite la sensación de ser un auto débil de carrocería, logró cuatro estrellas en seguridad (ver nota). Por eso, no siempre lo que se ve es lo que es.

2. LA ASPIRACIONALIDAD

La base del éxito de este tipo de autos se explica con una sola palabra: camioneta. Seguro que conocés a alguien que trata de femenino a un Sandero Stepway, justamente porque esa es la intención de las marcas: transmitir el “llegar a la chata” poniendo poca plata.

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Si bien los SUV de segmento B tienen mucho laburo de diseño para intentar agradar al público, los autos de segmento C siempre apostaron por estéticas más… ¿aburridas?

3. SUPERIORIDAD APARENTE

El concepto de “camioneta” se refuerza al momento de subirse. La posición de manejo elevada mejora la visibilidad en relación a autos de segmento C, permitiendo que el conductor vea todo lo que sucede a su alrededor y, en muchos casos, llegue a ver su propio capot. Ver desde arriba al tránsito cotidiano eleva a la enésima potencia el concepto de camioneta, pese a conducir un Chery Tiggo2 que no es más que un Fulwin con mayor despeje.

En términos de seguridad, la mejor posición de manejo es aquella que pueda estar lo más baja posible ya que ante un vuelco se evita el contacto de la cabeza con el techo. Por concepción propia, la posición de manejo de un auto C es más segura que la de un SUV B.

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En la mayoría de los SUV la posición de manejo es alta y bastante limitada. Los del segmento C tienen varios puntos a su favor en este ámbito.

4. BENDITO CONURBANO

Es sabido que los baches, pozos e irregularidades de los caminos argentinos son moneda corriente en la topografía argentina (deberían ya aparecer en los mapas físicos como accidentes geográficos), por lo que un auto debe permitir poder sortearlos con facilidad.

Ese es el primer punto en contra que la gente ve en los autos de segmento C: despeje muy bajo y un ángulo de ataque con un voladizo excesivo.

Es verdad. Visualmente un Volkswagen Golf parece demasiado bajo para nuestros caminos, pero sin dudas alcanza y sobra para usarlo en tránsito cotidiano. En una semana arriba de una unidad en versión Highline (y recorriendo zonas de Capital Federal, el Gran Buenos Aires y realizando un viaje hasta las afueras de Rosario por caminos de tierra y piedra) lo que menos sufrió fue el despeje ya que no toca en ningún lado. Forma parte del imaginario colectivo el tema de que “es bajito y va a tocar en todos lados”. No es así.

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Si lo mirás en detalle, parece bajo. Pero no hay que preocuparse, no toca en ningún lado.

5. LAS PATAS

En su mayoría, los SUV B cuentan con neumáticos con un talón más alto y en algunas ocasiones con cauchos de uso mixto. Esto permite tener algunas incursiones por caminos levemente ásperos sin sufrir por un neumático (y su llanta diamantada) de 17″ tal como ofrecen los autos C.

Acá el punto es para los SUV, ya que los neumáticos de perfil bajo presentes en los medianos hacen preocupar al conductor por eventuales roturas y daños por los malos caminos.

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Los autos de segmentos superiores normalmente calzan neumáticos pensados netamente para asfalto y con un perfil un tanto bajo. Los SUV entienden más al conductor argentino, que agarra pozos y caminos complicados más frecuentemente.

6. EL ESPACIO JUSTO

Atención con este punto. En términos generales, un auto de segmento C debería ser más grande que uno del B. Pero, puntualmente en el caso de los SUV, el espacio interior de estos vehículos puede ser mayor o menor al de un hatchback o sedán del segmento superior.

Habiendo probado muchas de estas “camionetitas”, podría decir que (siempre generalizando) los SUV tienen dos contras: las plazas delanteras quedan cortas para personas altas (ya que la corredera de los asientos está limitada en su desplazamiento hacia atrás) y las plazas traseras están destinadas a chicos o adultos de contextura mediana a chica. Existen excepciones, pero en términos generales es así.

¿Y qué pasa con el segmento C? Ahí el espacio delantero es mucho más amplio y la tendencia del espacio trasero es que haya más lugar. Debemos también destacar que el baúl suele tener el mismo espacio del SUV, que utiliza el recurso de un techo más alto y extendido hacia sus laterales para transmitir una mayor amplitud. Destaco de nuevo, es una sensación.

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Dentro de los autos C hay vehículos con buen espacio trasero y otros un tanto limitado. Lo mismo pasa dentro de los SUV B. Y exactamente lo mismo ocurre en ambos segmentos con el baúl.

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En términos generales, los baúles son similares en ambos segmentos.

7. ¿MECÁNICA? BUENO, VEMOS…

Salvo contadas excepciones, las motorizaciones de los SUV B son más anticuadas que las presentes en los autos de segmento C. No suelen tener turbo, las cajas ofrecen menos marchas y, con un peso mayor, las prestaciones y consumos son peores. Desde TURBO te recomendamos pasar por nuestro canal para conocer en detalle los pros y contras del auto que querés comprar así podés realizar la cuenta de gastos casi de manera exacta. Te sorprenderías al conocer algunos consumos voraces de ciertos SUV.

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El 1.4 TSI de 150cv del Golf tiene excelentes prestaciones y consume poco. Dentro de los SUV de marcas generalistas, sólo el Fiat 500X y el Haval H2 cuentan con motorizaciones turbo.

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Y el amortiguador para abrir el capot, una rareza.

8. CONECTADOS CON TODO

Nos cansamos de hablar de seguridad, pero está chequeado que el cliente no se siente cómodo con una conectividad limitada. En ese sentido, los SUV suelen estar más a la vanguardia que los autos superiores ya que apuntan a un público más familiar que prioriza eso. Hoy se venden vehículos medianos con equipos multimedia con pantalla TFT monocromática. Inentendible.

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Salvo excepciones, siempre los autos C ganan en calidad de materiales y terminaciones a los SUV B.

 

9. LA INSISTENCIA DE LAS MARCAS

Sabiendo todo esto, ¿por qué las marcas insisten en este tipo de autos? Todo radica en la diferencia de letras: B contra C.

Los SUV B siempre parten su desarrollo de otro auto del mismo segmento, con cierta matriz de costos pensada para un tipo de público que en muchas ocasiones accede a su primer vehículo. Los hatchbacks o sedanes C utilizan plataformas más grandes y sobre todo más caras. Se incluyen mecánicas más potentes, cajas más complejas y esquemas de suspensión más confortables. El tema viene al analizar su precio: los SUV de un segmento inferior cuestan lo mismo que un hatch o sedan de un segmento superior.

¿El motivo? Entre todos los que mencionamos antes, destacaría la aspiracionalidad. La gente está más dispuesta a pagar más por un SUV (sin percatarse de las mermas en muchos ámbitos) que por otro tipo de auto.

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¿Y esto? Suspensión independiente trasera, un esquema que casi no aparece en los SUV B, exceptuando al Jeep Renegade y a algunos SUVs chinos.

10. PRECIOS NO CUIDADOS

Es por esto último que, a mismo precio, nosotros hoy seguimos eligiendo los pocos autos que quedan dentro del segmento C. Utilizando nuestro ejemplo del Golf, hoy la versión Comfortline 1.4 TSI de 150cv y con caja DSG7 (la única a la venta) cotiza a $1.668.600. Un T-Cross Comfortline 1.6 MSI de 110cv con caja Tiptronic de 6ta cotiza a $1.506.800.

La decisión no parece muy difícil. Pero el mercado no se mide por racionalidad sino por aspiracionalidad. Y ahí los SUV van ganando cada vez más terreno.

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Sin dudas, la mejor compra que hoy en día se podría hacer en el mercado. Bah, o se podía hacer hasta hace unos meses: esta versión es la Highline, que ya no se vende para darle más lugar al T-Cross. En fin.