El Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires presentó nuevos vehículos recuperados del narcotráfico que se sumarán a la fuerza policial. Mientras, los recursos para reparar los patrulleros existentes no llegan.


La semana pasada, el Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, a cargo de Cristian Ritondo, presentó nuevos vehículos “recuperados del narcotráfico” que a partir de este momento formarán parte de la fuerza policial como apoyo de tareas logísticas.

Se trata de un Mercedes-Benz Clase C, un Audi TT, un Renault Fluence y un Peugeot RCZ que fueron secuestrados en diversos operativos realizados por la fuerza de seguridad provincial contra las bandas y el crimen organizado. Los vehículos se secuestraron el 29 de noviembre del 2017 en Quilmes, en un importante procedimiento denominado “Esvásticas Blancas”, en el cual, además de estos autos, se incautó droga de la más alta pureza empaquetada con sofisticación para evitar controles.

“Recuperar estos vehículos para sumar a la seguridad nos da fuerzas para seguir combatiendo el flagelo de la droga e ir a fondo en la lucha contra ella y los narcotraficantes”, comentó Ritondo. “Con esta iniciativa, ajustada a los parámetros de la ley, buscamos darle utilidad a los vehículos que están sin uso y que ahora formarán parte de la logística de la Policía”, concluyó.

Esto se enmarca dentro de lo establecido por el decreto ley 7543/69 (actualizado por leyes 13.434 y 13.727), donde se estipula la reutilización de los vehículos secuestrados en causas penales dentro del Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires.

Según las autoridades, estos vehículos no formarán parte de la flota permanente de patrulla: serán utilizados para exhibiciones, eventos especiales y/o como “showcars” de la fuerza policial.

Justamente esto es lo que más sorprende. Se destinan recursos (plotteos, mantenimiento, logística, etc) en vehículos que no serán utilizados para combatir efectivamente la inseguridad, cuando los móviles que patrullan la Provincia de Buenos Aires no tienen el mantenimiento necesario para poder ser utilizados a diario.

Por más que se quisiera, tampoco sería demasiado útil sumar a la flota policial un Audi TT o un Peugeot RCZ: la escasez de repuestos, los excesivos precios de los mismos y las limitaciones de despeje en las críticas calles del conurbano harían imposible su usabilidad más allá de unas pocas semanas.

Para los que vivimos en la provincia, los móviles policiales destrozados forman parte de la estética cotidiana, con dos exponentes máximos dentro de la flota: Chevrolet Classic completamente destartalados y Toyota Hilux salidas de Kosovo.

La pick-up, que es la más vendida de la Argentina y cuenta con el mejor servicio de postventa, llama poderosamente la atención por la asombrosa capacidad de seguir funcionando: los efectivos las utilizan sin ópticas ni paragolpes; cambian las llantas por unas de medida más reducida; y siguen circulando con choques que para cualquier seguro automotor estarían al borde de la destrucción total.

Así circulan las unidades en el partido de Quilmes.

Desde la fuerza policial aseguran que la burocracia es la razón del estado de las unidades. “Pasan cuatro meses desde que se abre el expediente hasta que llega el repuesto nuevo. Muchas veces los expedientes terminan cerrándose por falta de repuestos, pero la unidad sale a la calle igual”, comentaron efectivos del barrio San Carlos al diario Perfil.

¿No sería hora de dejar de utilizar el marketing tribunero y brindar soluciones que realmente sirvan en las zonas calientes de la provincia?

Por lo pronto, parece que los “vehículos recuperados del narcotráfico” no servirán para “recuperar” a la fuerza policial de manera efectiva.